viernes, 3 de octubre de 2008
Manolo García seduce a un Anaitasuna a medias
El artista, que otros años llenó el pabellón, congregó a unos 2.500 espectadores- García repasó las canciones de su último disco, "Saldremos a la lluvia", y tocó temas de sus anteriores trabajos.
Quizá será cosa de la crisis, que se nota en todos los ámbitos. El hecho es que Manolo García, que había llenado a reventar el Anaitasuna en visitas anteriores, ayer congregó a unas 2.500 personas, poco más de media entrada. La propia organización reconocía antes del concierto que han notado en más de una ciudad entradas más flojas que otros años.
El de Pamplona fue un público que unió a dos generaciones, y hasta tres. La mayor parte oscilaba entre los 25 y los 45 años, aunque también pudo verse alguno que ya había alcanzado los cincuenta.
Manolo García salió a escena, eso sí, con las mismas ganas que si el pabellón estuviera lleno. Dos medias lunas de tela negra dibujaron un semicírculo en el centro del escenario, por donde, a eso de las diez y cuarto de la noche, salió Manolo García guitarra en ristre, vestido de vaqueros, con una chaqueta de lana y debajo una sudadera a rayas con capucha, dos prendas que arrojaría al público ya en los primeros tramos del concierto, en el que alternó alguna canción de discos anteriores, como Malva, con otras de su último trabajo (sonaron entre otras Sueño 28 y Morder el polvo).
En un escenario en el que destacaban prendas multicolores, como fulares o bufandas, que colgaban en los lados, Manolo García tocó acompañado de ocho músicos (entre ellos el bajista navarro Íñigo Goldaracena) y un bailarina. Al fondo, una pantalla combinaba imágenes de paz rural y de estrés urbano con momentos de conciertos y hasta con imágenes del artista niño. Antes de que empezara el recital, la pantalla había mostrado los logos de las ONG, cerca de 20, con las que García colabora.
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